En el transcurso de nuestras vidas hemos sido testigos de cómo Dios ha intervenido en situaciones difíciles e imposibles y las ha convertido en bendiciones. Ha demostrado su gloria y poder a través de pequeños y grandes acontecimientos. ¿Cuántas veces hemos orado por un milagro? Él nos ha concedido sanidad, soluciones a situaciones, nos ha sostenido, nos ha cargado en sus brazos, nos ha permitido llorar en sus hombros, siempre ha estado presente. Así es Él, misericordioso, amoroso, comprensivo, paciente y siempre atento a nuestras verdaderas necesidades. Ahora, te pregunto: Y luego... ¿qué? ¿Qué pasa después que nos ha concedido ese milagro, esa situación especial? No basta con agradecer, debemos y tenemos que hacer algo más. Tenemos que comunicar a los demás su amor, dar testimonio de lo que ha hecho en nuestras vidas. En cada intervención de Dios hay propósito, siempre lo hay. Ese propósito tiene que ser manifestado. Te pido que no calles, si eres testigo de ese milagro en tu vida. L